En los tiempos en los que Maximiliano gobernaba México, el suegro de este emperador, Leopoldo I de Bélgica, pensó en regalarle a la Ciudad de México una estatua para rendirle homenaje a Cristóbal Colón; sin embargo, por la situación político-social que se estaba viviendo en ese tiempo fue imposible que se concretara el proyecto que iba a ser realizado por Ramón Rodríguez Aragoity (arquitecto) y Manuel Vilar (escultor).
Algunos años más tarde, durante el mandato de Sebastián Lerdo de Tejada, el empresario mexicano Don Antonio Escandón decidió donar la estatua a la Ciudad, por lo que en 1873 le pidió al escultor francés Enrique Carlos Cordier que creara el monumento que se inauguró en 1877. Desde aquéllos días, Cristóbal Colón se nos ha presentando develando el mundo con una mano y señalando al horizonte con la otra, acompañado de los primeros misioneros en América: Fray Antonio de Marchena, Fray Pedro de Gante, Fray Diego de Ordaz y Fray Bartolomé de las Casas.
El monumento al navegante que descubrió el continente se colocó en el mismo lugar en el que se pensaba colocar en los tiempos de Maximiliano, en el cruce de Reforma, Morelos, Versalles e Ignacio Ramírez y es el más antiguo de los que se encuentran en Paseo de la Reforma, desde que se movió el Caballito.

0 respuestas hasta ahora ↓
Aun no hay comentarios...Se el primero llenando el formulario.
Deja un Comentario