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Celebran aniversario de los Fondos Personales de la Biblioteca de México de la Ciudadela

  • Rodrigo Martínez y Javier Aranda ofrecieron la conferencia Protagonistas y testigos de las letras mexicanas del siglo XX, en el marco del aniversario de los Fondos Personales Alí Chumacero, Antonio Castro Leal, Carlos Monsiváis, Jaime García Terrés y José Luis Martínez de la Biblioteca de México José Vasconcelos

Los especialistas Rodrigo Martínez y Javier Aranda coincidieron la noche del viernes 22 de noviembre que los Fondos Reservados de la Biblioteca de México representan una oportunidad inigualable de conocimiento para las nuevas generaciones.

El historiador Rodrigo Martínez habló de la importancia de la biblioteca de su padre, José Luis Martínez, quien dijo, dedicó su vida a la crítica y la historia literaria, pasando por el México colonial hasta el siglo XX.

“De día cumplía con sus cargos públicos y por las noches se dedicaba a su pasión que era desentrañar el conocimiento de otras épocas, reuniendo documentos y libros que lo hicieron conformar una de las más grandes bibliotecas de su tiempo”.

Afirmó que José Luis Martínez fue ante todo un autodidacta y junto con su amigo Alí Chumacero, tan ávido de letras como él, recorría la Biblioteca Nacional y las librerías de viejo del Centro en busca de libros y joyas.

“Muchos admiraban su pasión e incluso afirmaban que estaba a punto de graduarse de Alfonso Reyes. Él era buen escritor porque era buen lector y fue uno de los primeros en reconocer el talento de Juan Rulfo y Juan José Arreola como escritores, al igual que el de Elena Poniatowska”.

Recordó que su padre era famoso por poder calificar un libro con una sola palabra y tenía costumbres como fumar cigarros con boquillas egipcias, tomar un tequila antes de comer y una copa de vino durante la comida, así como un whisky en su estudio, siendo la pulcritud su exigencia personal para ponerse a trabajar.

“Sus biografías sobre Nezahualcóyotl y Cortés son consideradas unas de las más equilibradas de los ensayos en nuestra lengua. Recuerdo que mi padre pasó sus últimos años cuidando su biblioteca de la casa familiar de Rosseau 53, en la colonia Anzures como si fuese un organismo vivo.

“Decía que había perdido a su esposa y que sólo le quedaban sus libros, sin embargo también manifestaba su deseo de que sus libros fueran a dar a una institución donde se pudiera seguir difundiendo su conocimiento para las nuevas generaciones”.

Celebró que el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes adquiriera su biblioteca, cuyo último conteo arrojó que está conformada por más de 70 mil libros.

“Las colecciones más importantes y únicas de la colección de mi padre son las referidas a la literatura mexicana que él comenzó a estudiar desde muy joven. Las colecciones de literatura prehispánica son también muy buenas y completas, al igual que la colección de historia de México y de historia universal, sin olvidar la sección de libros de arte y de formato mayor que Adolfo Castañón considera la mayor de México”.

“La biblioteca de mi padre –agregó– contiene todo lo que él necesito para hacer sus libros, pero también todo lo que necesita toda persona con curiosidad por la cultura para ser feliz”.

Javier Aranda recordó por su parte a Carlos Monsiváis y dijo que toda biblioteca es una constancia de vida o un retrato que provienen de toda una tradición, siendo en el caso del autor de Días de guardar, un compendio de libros que proviene desde mediados del siglo XIX.

“Las bibliotecas también son una especie de espejo de tinta de sus dueños, por ello cuando uno se metía a la casa de Carlos Monsiváis uno iba viendo que no tenía un orden y que los libros iban invadiendo todo espacio imaginable, incluso las sillas, dejando a los invitados con sólo medio cojín para sentarse”.

Recordó que Carlos Monsiváis como cronista buscaba libros que le dieran nuevos puntos de vista sobre los temas que le interesaban, teniendo en su biblioteca zonas muy singulares, como aquella dedicada a los comics, entre éstos Superman y la revista MAD.

“Todo ello nos habla mucho de su personalidad, también tenía una gran afición por las litografías que acompañaban a los libros y que hoy forman parte de la colección de El Estanquillo. Eran cúmulos de papel que a menudo era arañado por sus gatos. A veces El Fisgón y yo le decíamos: oye Carlos ese gato está arañando esa obra, y él respondía: alguien le tiene que dar trabajo a los restauradores”.

Recordó que aun en su desorden, Carlos Monsiváis tenía un ojo muy medido con su biblioteca y sabía exactamente dónde estaban las cosas. Su biblioteca no estaba ordenada en orden alfabético sino por temas.

“Tenía un apartado de cine, otro de libros sobre temas de género, también de literatura francesa. En cierta manera uno agradecía ese orden porque se podría encontrar rápidamente cualquier volumen sobre un tema específico”.

Dijo que otra cosa atípica de la biblioteca de Monsiváis son las dedicatorias de sus libros, como aquella de Octavio Paz o la de una poeta que le pegó en las primeras páginas junto a sus palabras un churro de mariguana.

“Cuando hagamos otro tipo de lecturas de la vida cultural de México habría que revisar las dedicatorias de los libros. Las dedicatorias de Octavio Paz a Monsiváis eran de un profundo respeto y uno se preguntaba cómo podía plasmar esas palabras si supuestamente estaban peleados a nivel público”.

Y añadió: “Yo quisiera que el público, los jóvenes, recorrieran la biblioteca de Carlos Monsiváis, que entraran de lleno en sus más de 24 mil volúmenes, porque seguramente encontrarán muchos tesoros y muy gratas sorpresas”.

Fuente: www.conaculta.gob.mx
(Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Conaculta)

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