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Concierto Memorable de Astrid Hadad sobre la Muerte, la Vida, el Amor y las Pasiones

  • La cantante presentó en el Teatro de la Ciudad su nuevo disco Vivir muriendo, con un necro-show en el que interpretó temas de Chava Flores, Café Tacuba, Cuco Sánchez y Rafael Mendoza, entre otros
  • Al iniciar su presentación advirtió: “Se va a hablar de la muerte pero no la verán; así como en los discursos de los políticos, donde se habla de la democracia, la riqueza y la justicia… y no las vemos”

Vestida de cempasúchil y de Coatlicue posmoderna (con paisaje integrado), entre otras caracterizaciones, Astrid Hadad ofreció la noche de este viernes en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris un concierto memorable sobre la muerte, la vida, el amor y las pasiones, en el que, como acostumbra, no dejó de lado la crítica y la ironía tan propias de sus actuaciones.

La cantante presentó en el histórico recinto de la Secretaría de Cultura capitalina, su más reciente disco, Vivir muriendo, en el que se incluyen canciones que celebran de distintas maneras a la muerte, con temas de Chava Flores, Café Tacuba, Rafael Mendoza, Fernando Rivera Calderón, José Alfredo Jiménez y Cuco Sánchez, entre otros autores.

Astrid dio inicio a su presentación con la clásica No vale nada la vida, tras la cual expresó: “aunque éste es un necro-show, se va a hablar de la muerte pero no la verán; así como en los discursos de los políticos, donde se habla de la democracia, la riqueza y la justicia… y no las vemos. No se trata de atormentar a nadie sino de divertirnos mientras vivimos muriendo inevitablemente”.

Ante un público que aplaudía efusivamente cada una de sus interpretaciones y comentarios, la cantante llevó al escenario el melancólico poema-canción oaxaqueño Guendanabani, para luego cantar La cama de piedra, de Cuco Sánchez y La muerte chiquita, del grupo Café Tacuba.

En cada tema, Astrid realizaba un cambio de ropa en el mismo escenario, apoyada por sus colaboradores (“son efectos especiales a la mexicana”) y hacía acotaciones irónicas a las canciones, como acostumbra en cada uno de sus conciertos.

Así, por ejemplo, recomendó: “Y ya que esta vida es tan fugaz como rastro de nube en el cielo. Tomemos la porción de gozo que nos toca, bailemos lo que podamos, amemos mientras vivamos, cantemos mientras estemos… porque nadie saldrá vivo de este mundo”.

Y más adelante dijo también: “Además de la muerte chiquita hay otras muertes que son mucho más terribles, como la muerte charra que le propinaban a los revolucionarios, también está la muerte súbita en el tenis… pero hay otra muerte, creo que la más dolorosa: la muerte niña, la de los angelitos y en el Bajío hay la tradición de enterrar a los niños con música mientras se dicen versos como: Dichoso de ti ángel bello / y la hora en que naciste / dichoso de padre y madre / y padrinos que tuviste / dichoso de ti ángel bello / que a la gloria vas a entrar / con tu palma, tu corona y vestido de cristal”.

Entonces soltó los versos tristes de El enterrador, aquel que era el único que tenía ese oficio en el pueblo, por lo que tuvo que enterrar a su propia hija. “¿De dónde vienes Juan Simón? Soy enterrador y vengo… de enterrar mi corazón”.

Más adelante cantó Boda negra y dos canciones del inigualable Chava Flores: Cerró sus ojitos Cleto y Dos horas de balazos, así como la tragicómica Rascayú, a ritmo de cumbia, además de El corrido de la muerta y A mí me mató la vida.

Astrid Hadad señaló previamente que al cantarle a la muerte, lo que busca hacer es más bien cantarle a la vida, “porque en los últimos años, nos han querido infundir miedo para que protestemos menos. Y yo quiero quitarle a la muerte esa parte horrible, sombría que tratan de imponernos. Porque el miedo te inmoviliza y evita que cuestiones las causas de tanto horror”.

Rodrigo Delgado

Coordinador y Editor de MX-DF.net. Comunicólogo Organizacional interesado en el mundo del internet.

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