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Las obras de teatro de Carlos Fuentes destacan por su originalidad: José Solé

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Para Carlos Fuentes (Panamá, Panamá, 11 de noviembre, 1928-Ciudad de México, 15 de mayo, 2012) la literatura era una herida que le permitía nombrar el miedo, la nostalgia, los sueños, lo imaginario, la pasión, reunir las palabras y las cosas, todo lo dividido y disperso de este mundo mutante, fragmentado, inorgánico.

Escribió el escritor, “una herida por la que nos colamos para responderle a la naturaleza que nos expulsó de sus dominios y la historia que nos sujetó a sus demonios. La literatura nos salva del exilio natural o de fatalidad histórica. Nos permite reflejar realidad (naturaleza, historia) pero la creamos, añadimos una realidad que la realidad antes no tenía: la novela, el poema, el ensayo”.

Esa herida le permitió crear cinco obras de teatro El tuerto es rey(1970), Todos los gatos son pardos (1971), Los reinos originarios(1971), Orquídeas a la luz de la luna (1982) y Ceremonias del Alba(1991) una revisión de Todos los gatos son pardos.

Obras que al autor reconocido con la Medalla Picasso de la UNESCO (1994) le dejaron un enorme aprendizaje: “que el novelista no debe escribir teatro, porque es muy distinto del discurso novelístico, este hecho terrible que es incomparable: encarnar en escena, con seres vivos, una acción dramática.

“Eso requiere un talento muy especial que lo puede tener Ibsen, pero no Flaubert. Entonces mis intentos fueron eso, intentos, de los cuales me retiré prudentemente como se retiran aquellos generales mexicanos que dicen: ¡Adelante mis tigrillos, por aquí no hay nadie! Y bueno, yo me voy por el flanco de la novela”.

Para el director de escena, actor, escenógrafo y diseñador de vestuario José Solé, son obras que destacan por su originalidad, por ejemplo Orquídeas a la luz de la luna “en donde usa dos personajes emblemáticos de nuestra vida artística y cada uno tomando las características de su educación y comportamiento: María Félix con esa altanería que tenía y a la vez ignorante de muchas cosas en contraparte con Dolores del Río que es delicada y muy culta”.

Mientras que para el traductor, profesor, dramaturgo, actor y director Otto Minera “se trata de obras con las que Fuentes, debido a la importancia de su nombre como literato, la grande y merecida fama como novelista y cuentista, puso los reflectores sobre el teatro y subió a escena temas mexicanos como los mitos”.

El ganador del Premio Casa de las Américas por su obra Siete pecados en la capital añadió que la obra que más le gusta de Carlos Fuentes es El tuerto es rey “ya que fue la primera que conocí y estuvimos a punto de llevarla a escena a principios de los setentas (recién escrita) nada menos que con Sergio Jiménez y Rita Macedo, entonces mujer de Fuentes. La dirigiría José Luis Ibáñez y yo fungía como su escudero (asistente de director)”.

Ricardo Ramírez Carnero, traductor, dramaturgo y director de teatro, consideró que son obras que dejan ver el talento “de uno de los autores más destacados de nuestro país y de las letras hispanoamericanas. A mí me gusta su obra Todos los gatos son pardos la cual forma parte del legado literario que Fuentes dejo a México del que sobresalen para mí sus novelas, cuentos, semblanzas, ensayos y guiones cinematográficos”.

Partiendo de las referencias de estos directores mexicanos, el Conaculta comparte algunos datos de estas tres obras de Carlos Fuentes.

El tuerto es rey (1970)
Se estrenó con la dirección de Jorge Lavelli en el Theater An Der Wien de Viena, Austria el 25 de mayo de 1970. La anécdota de la obra es sencilla: una señora llamada Donata y su criado el Duque habitan una casa abandonada; ambos están ciegos; pero cada uno cree que está ciego y que el otro ve; cada uno cree que el otro es su guardián, su lazarillo.

En la medida en que esta pieza obedece a las leyes del suspense, se trata del paulatino descubrimiento por cada uno de que el otro está tan ciego como él mismo. Con lo cual, al contar la anécdota deja de haber suspense.

En el prólogo de la obra, escrito por el mismo Carlos Fuentes, señala que se trata de una puesta en escena que muestra un sistema o relaciones de dependencia, “en donde procuré que en ella coincidiesen el significante, la estructura y el significado, la cifra temática: ambos son identificables como una relación de dependencia.

“Se observa a la señora y su criado como personajes latinoamericanos que transitan constantemente de la nostalgia a la esperanza, del recuerdo a la premonición, de una América Hispana de lodo a una Europa de polvo, de ese espacio horizontal de los objetos y su posesión a otro espacio vertical de naturaleza desposeída. De las selvas de Tabasco a las aceras de París y de las ocupaciones finales (esperar la muerte) a las ocupaciones originales (inventar la vida)”.

Uno de los diálogos destacados de la obra es el de Donata que dice: “Cada vez que sueño, invento algo nuevo, algo que sólo a mí se me ocurre soñar. En cambio tu sueño Duque es una cárcel que gira sobre sí misma”.

Todos los gatos son pardos (1971)
Y Ceremonias del Alba (1991) que es una revisión de Todos los gatos son pardos esta última que se estrenó en las Arenas de Avenche, Suiza.

Todos los gatos son pardos surgió durante un otoño en Connecticut, Estados Unidos, cuando Arthur Miller le dijo a Carlos Fuentes que desde niño lo que le había fascinado en la historia de la Conquista de México era el encuentro dramático de un hombre que lo tenía todo: Moctezuma y de un hombre que nada tenía: Hernán Cortés.

Escribe Carlos Fuentes en el prólogo de la obra: “En cierto modo, de esta sugerencias nació la obra, digo sólo en cierto modo, pues básicamente esta pieza no es más que una respuesta o, para incurrir en galicismo, una contestación. Respuesta a mí mismo y contestación a México.

“Es  a la vez una memoria personal e histórica, pues indagar nuestros orígenes comunes para entender nuestra existencia presente requiere ambas memorias en México, el único país que yo conozco, además de España”.

Se trata de una obra del poder y la palabra, que citando a su autor: “Muestra a Moctezuma o el poder de la fatalidad y a Cortés o el poder de la voluntad. Aborda el destino en y de la muerte, el sueño, la rebelión y el amor”.

Un dialogo destacado de esta obra es cuando la Malinche le dice a su hijo, el primer mexicano: “muerte, sueño, rebelión y amor, no en cualquier orden, sino precisamente en ése, que indica los crecientes de la dificultad, de la carga y de la realización plena. Lo más difícil, entre nosotros, será morir; un poco menos fácil, soñar: difícil, rebelarse; dificilísimo, amar”.

Orquídeas a la luz de la luna
Es la obra dramática más exitosa de Carlos Fuentes y se estrenó el año que fue escrita en 1982 en el Loeb Drama Center de la Universidad de Harvard. Tuvo una temporada de representaciones exitosas de poco más de seis semanas con la American Repertory Theatre de Cambridge, Massachusetts.

De acuerdo a Marie-Lise Gazarian Gautier especialista y promotora de la cultura hispánica en Nueva York, autora de Universos de la novela entrevista publicada en el libro Carlos Fuentes: Territorios del tiempo. Antología de entrevistas, el 6 de junio de 1982, tres días antes del estreno de la obra, Carlos Fuentes enfatizó que se trataba de una obra de contenido feminista que retrataba la figura destacada de Dolores del Río y María Félix.

“Dolores y María –destaca Carlos Fuentes– probablemente tuvieron mucho que ver con la emancipación de la mujer latinoamericana ya que eran símbolos antisexistas y representan a la belleza de la muerte. Son mujeres que nos permiten imaginar a la muerte como algo descifrable, atractivo, de moda, sexy y que se aproximan a la muerte con sus colores al vuelo, con pieles de armiño y vestidos vaporosos, envueltas en joyas”.

En su texto la autora añade que al hablar de las dos protagonistas Carlos Fuentes dijo que las eligió “porque me encantan estas actrices que son fuertes e independientes y acabaron con los mitos machistas. Además no se parecían en nada a lo que se supone que debían ser las mujeres latinoamericanas. No eran muñequitas que los hombres pudieran arrullar”.

Marie-Lise Gazarian destaca en su texto que se trata de una obra acerca del mito de la cultura de los mitos y del recuerdo que resulta interesante principalmente para aquellos que comparten la nostalgia de Carlos Fuentes por estas dos actrices. Dice que es una obra dinámica que muestra el mundo ficticio y delicado de Dolores que se opone al burdo realismo de María, una chicana de clase baja que tiene una generosidad nata en cuanto a su capacidad de amar.

“Se trata –añade Marie-Lise Gazarian– de una obra que está muy cerca a Aura. En ambas obras Fuentes trata con dos mujeres exóticas de edad indefinida que habitan un mundo privado y misterioso. Las metas de las mujeres en ambas obras son el amor, la juventud y la inmortalidad.

“En los dos casos el mundo de la luz de la luna se rompe debido a un hombre joven que es escritor. En Aura, el escritor paga su tontería perdiendo su personalidad. En Orquídeas el pago es aún mayor: sacrifica su propia persona en el altar del amor”.

La autora detalla que Orquídeas a la luz de la luna es una obra de dos actos: en el primero existe una atmósfera de escapismo al estilo de Tenessee Williams que lucha contra la cruda realidad y a manera de contraste, el segundo acto parece ser un hibrido entre el cine y el sueño en donde se mezclan la vida “real” y el cine.

“Fuentes hace énfasis en que Orquídeas es una obra acerca de la autenticidad contra el rol que se le imponen a la mujer y que termina aceptando como definiciones de su personalidad. Así la obra continúa explorando el tema de la continuidad de la personalidad que ha sido una preocupación del escritor en la mayoría de sus obras de ficción.

“Para los críticos que se basan en los comentarios sociales en las obras de Fuentes, el personaje de Dolores puede también considerarse un vehículo que utiliza el autor para criticar a la clase media de México: su autodecepción, sentimentalismo y escapismo. Más allá del feminismo y los comentarios sociales, es un drama acerca del crecimiento psíquico, acerca de la madurez y el enfrentamiento con la muerte”.

Uno de los diálogos destacados de esta obra es el que dice el personaje que remite a Dolores del Río: “un artista sabe que no hay belleza sin forma pero también que la forma de la belleza depende del ideal de una cultura. El artista trasciende, parcial y momentáneamente, el dilema, añadiendo un factor: no hay belleza sin mirada. Es natural que un artista privilegie a la mirada. Pero un gran artista no invita sólo a mirar sino a imaginar”.

Fuente: www.conaculta.gob.mx
(Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Conaculta)

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