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A través de la animación uno puedo viajar, volar, bailar, hablar y hacer todo lo que a uno más le guste: Michel Ocelot

  • Del 6 al 15 de diciembre la Cineteca Nacional presenta una retrospectiva del cineasta francés

Con la animación uno puede hacer todo, volar, pensar, bailar, hablar y reír, y todo lo que a uno más le guste, y yo he encontrado en ella mi todo y mi nada, es mi razón de ser y es para la cual me he preparado, sin querer, toda mi vida. Es lo que dijo el escritor y director Michel Ocelot, durante la inauguración del ciclo que en su honor realiza la Cineteca Nacional.

La sala 10 del complejo cinematográfico de Conaculta lució abarrotada por un público de todas las edades la noche del viernes. Esto gracias a la presencia en México del genio francés de la animación quien, con motivo de una retrospectiva de su trabajo, tuvo la oportunidad de charlar con el público sobre su obra.

Esta visita es producto de una estrecha relación con la agregaduría cultural de Francia en México y la Cineteca Nacional, como lo dio a conocer el director general del complejo, Alejandro Pelayo, quien dio la bienvenida al cineasta y aseguró que se trata de un ciclo muy completo, que reúne los mejores cortometrajes y largometrajes del cineasta galo, los cuales serán proyectados del 6 al 15 de diciembre.

Posterior a la proyección del filme Los cuentos de la noche (2011), Ocelot tuvo la oportunidad de dialogar con el público, el cual le preguntó sobre el proceso creativo y la inspiración de sus historias.

Al respecto, el autor de piezas como Kirikou y la hechicera (1998) y Príncipes y princesas (2000) reconoció que su intención no es hacer películas para niños, pues “a nadie nos gusta ser tratados como bebes, mucho menos a los niños, por eso yo simplemente hago lo que me gusta y soy honesto, y eso les encanta, no sólo a los infantes, sino a toda la familia”.

El director explicó que al haber tenido un inicio en la industria cinematográfica con muy pocos recursos, sus animaciones las realizaba de manera muy limitada, pero que una vez que tuvo más presupuesto, continuó con las técnicas de papel recortado y cine de sombras, porque además de que son procesos muy económicos son los que más le gustan, y además, el bajo costo le ha permitido hacer el doble de películas de las que habría hecho con producciones más costosas.

Sin embargo, también reconoció los aportes de la tecnología y de las computadoras, las cuales le han sido también de mucha utilidad, pues le brindan la posibilidad del color y de la funcionalidad, que no se encuentran en técnicas más sencillas.

El director reconoció que aunque la animación llegó tarde a su existencia, sin quererlo toda la vida se preparó para ella pues siempre le gustó dibujar, escribir historias y alentar a sus amigos para que las actuaran.

El cineasta dijo que la inspiración que le llega es mucha y en ocasiones lucha para no pensar en tantas cosas. Y reconoció que a lo largo del mundo va recabando historias populares, leyendas y cuentos, porque en todo el planeta hay muchas historias que contar. Confesó que siempre toma únicamente lo que más le gusta de esas historias y las enriquece desde su perspectiva y es así como crea las propias.

El varias veces reconocido en festivales como los Premios BAFTA, el Festival de Cannes, los Premios César y el Festival de Cine de Múnich, subrayó que realiza la mayoría de sus trabajos en dos dimensiones, a partir de las sombras y el color, motivo por el cual requiere de una gran precisión pues no cuenta con todos los elementos narrativos de otros tipo de animaciones. Por ello, la expresión de los personajes, las voces y la música, son complementos muy importantes de sus historias.

En Los cuentos de la noche, Ocelot presenta fábulas animadas a partir de la técnica de sombras y, con personajes exóticos crea metáforas sobre sentimientos y relaciones humanas como el amor, la amistad, la sinceridad, las mentiras, la confianza y el valor: a través de la historia de un hombre lobo habla del amor verdadero que persiste sobre todas las cosas y que hace que desaparezca la fealdad; en la historia de un aventurero joven africano al país de los muertos, explica que ayudar a todos puede tener beneficios cuando te encuentras en dificultades; a través de los ojos de un joven que nunca miente, enseña la importancia de la verdad y la amistad. Con los sonidos de un tambor hace comprender que uno le da el valor a las cosas e incluso al poder de uno mismo se descubre con sólo confiar. Mediante la valentía de un joven guerrero demuestra que la unión de un pueblo lo fortalece ante cualquier monstruo, y con la travesía de un joven que busca salvar a su amada de un hechizo, hace comprender que una caricia a tiempo y el amor curan cualquier cosa.

Durante el ciclo se presenta una serie de cortometrajes y cinco de sus seis largometrajes: Kirikou y la hechicera (1998), Príncipes y princesas (2000), Kirikou y las bestias salvajes (2005), Azur y Asmar (2006) y Los cuentos de la noche. Para consultar horarios visitar:

http://www.cinetecanacional.net/controlador.php?opcion=carteleraDia

Fuente: www.conaculta.gob.mx
(Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Conaculta)

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