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Se hablará sobre David Foster Wallace en el ciclo Narrativa estadounidense actual ( @literaturainba @PalacioOficial )

  • David Foster Wallace escribió novelas, artículos, reportajes, ensayos y cuentos cortos
  • “Foster Wallace fue, con toda seguridad, una de las luces narrativas de su generación”, Roberto Frías
  • Su libro La broma infinita fue calificada por la revista Time dentro de las 100 mejores novelas en lengua inglesa escritas entre 1923 y 2006

El Instituto Nacional de Bellas Artes invita al ciclo “Mutaciones estéticas” en una nueva sesión de “Narrativa estadounidense actual”, donde se hablará acerca de la narrativa de los Estados Unidos y se pondrá en perspectiva la literatura en prosa de ese país, en esta ocasión con especial atención en el escritor David Foster Wallace.

La cita para esta actividad en la que se abordará la vida y obra del autor de La broma infinita (1996), es el 12 de febrero, a las 19:00 horas, en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México, y se contará con la presencia del escritor y traductor Roberto Frías.

“David Foster Wallace fue, con toda seguridad, una de las luces narrativas de su generación. No es exageración decir que su enorme capacidad para construir otros mundos que están en este y para articularlos mediante una prosa inusitada, incluso neurótica, lo colocan en un lugar único con respecto a sus congéneres”, afirmó Roberto Frías durante la entrevista concedida a la Coordinación Nacional de Literatura.

Para el escritor, Foster Wallace es también un ídolo literario de su tiempo, y en ese sentido, lo compara con Kurt Cobain, quien fue reacio a una fama que le llegó con exceso y de sopetón, misma con la que libró duras batallas hasta que perdió la guerra quitándose la vida.

Lo interesante es que la forma narrativa de Wallace es realista, pero sus construcciones, sus temas y sus tramas recurren a una estética ligada no a lo fantástico sino a lo extraño. En sus dos magnas novelas, La broma infinita y El rey pálido (2011), esta última por desgracia inconclusa y publicada póstumamente, Wallace se ocupa de la muerte, comentó Frías.

En la primera hay una trama que gira alrededor de un misterioso DVD que la gente no puede parar de mirar, es tan divertido que al espectador no le queda más que mirarlo hasta morir. En cambio, en El rey pálido, unos grises empleados del servicio tributario estadounidense, tienen que ahondar en los misterios más intrincados y absurdos de la contaduría fiscal, hasta morir de aburrimiento.

Roberto Frías aseguró que “Wallace logró crear un puente entre dos mundos narrativos que no encontraban síntesis en la historia literaria de los Estados Unidos”, y como los grandes maestros, el escritor estadounidense sentó un precedente pero no dejó seguidores. Como ejemplo en nuestra lengua, dijo, se podría comparar con Jorge Luis Borges, al que, como dice Augusto Monterroso, es necesario leer si se quiere escribir, pero luego es necesario olvidar si, justamente, se quiere escribir.

Wallace sufría depresión e incluso se encontraba bajo tratamiento. Para el también traductor, la misma tenacidad con la que David escribía lo llevó a sobrevivir con valentía y rigor los espejismos de su enfermedad. “Su compulsión para escribir (llenaba sin parar cuadernos y cuadernos de notas) era la mejor defensa para no mirar hacia el oscuro imán de la depresión”. Pero al final, aunque su genio era muy superior a su padecimiento, no fue suficiente para evadir una crisis suicida.

Roberto Frías señaló que aunque se tiende a decir que lo mejor para acercarse a un autor es leer primero los trabajos cortos, en el caso de Wallace, “yo recomendaría ponerse el reto de leer los cientos y cientos de páginas de La broma infinita y luego, una vez transfigurados por su portento, tomar aire con los ensayos y los cuentos.”

Frías concluyó invitando a los interesados en la narrativa estadounidense actual a no desperdiciar la oportunidad de escuchar algunos apuntes sobre David Foster Wallace de parte de un lector que se presume, por lo menos, atento.

David Foster Wallace nació en Ithaca, Nueva York, en 1962, y creció en Illinois. Se licenció en filosofía e inglés en el Amherst College y escribió lo que sería su primera novela, La escoba del sistema (1987), para su tesis de grado en inglés. Su segunda novela, La broma infinita, fue publicada en 1996. Wallace enseñó escritura creativa en el Emerson College, la Universidad Estatal de Illinois y el Pomona College.

Entre sus publicaciones se encuentran las colecciones de cuentos cortos La niña del pelo raro (1989), Entrevistas breves con hombres repulsivos (1999) yExtinción (2004), así como los ensayos Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (1997) y Hablemos de langostas (2005). Su última novela,El rey pálido (2011), fue publicada después de su muerte en 2008.

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