En el momento que entras te encuentras con el cadáver de un perro caminando en busca de algo que comer. Pocos metros más adelante te encuentras con lo que parece ser una enorme rata desollada corriendo por todo el lugar. También están los restos de lo que podría ser un tiburón arrastrándose por la tierra, con el enorme esqueleto metálico de lo que parecería ser un elefante y un imponente rinoceronte de tablones de madera sumergido en la tierra. El resto del lugar se encuentra lleno de partes de esqueletos de todo tipo de animales, pero alterados con basura, creando un ambiente muy peculiar.
Llegaste a la muestra del proyecto de Ulises Figueroa “Tercer Acto. En el que el universo muere por desintegración”; una exposición en la que se evoca la función que tuvo el Museo Universitario del Chopo, de 1913 a 1964, como museo de historia natural. Esto, mientras realiza una crítica a la situación por la que está pasando la naturaleza y el medio ambiente, por lo que a lo largo de la exposición puedes ver diferentes esculturas creadas con objetos que el artista ha encontrado en la vía pública: osamentas de animales que vivieron y murieron en la calle, botellas de vidrio rotas, piedras, partes de automóvil, entre otras.
“A diferencia de cualquier museo de historia natural, donde el deterioro del mundo se posterga infinitamente, en la propuesta de Figueroa lo que sobresale es, como el título del proyecto indica, la desintegración.” Museografía
La exposición que se presenta en el Museo Universitario del Chopo es realmente impresionante, pues nos muestra un lado de la naturaleza al que hemos tratado de olvidar, no sólo muestra el deterioro natural del reino animal, sino que nos muestra la manera en la que los humanos estamos terminando con el ecosistema. Además, “Tercer Acto. En el que el universo muere por desintegración” nos permite realizar una pequeña revisión de la historia, la arquitectura y el contexto urbano en el que se creó este el Museo del Chopo.
Visitar “Tercer Acto. En el que el universo muere por desintegración” es una expelente manera de adentrarse en el interesante trabajo de Ulises Figueroa, así como reconocer al Museo del Chopo como fue concebido. Una gran opción para disfrutar del arte mexicano.
Datos Generales Lugar: Museo Universitario del Chopo (Dr. Enrique González Martínez #10, Col. Santa María la Ribera, Ciudad de México, Distrito Federal) Horario: Martes a Domingo de 10:00 a 19:00 hrs. Costo: $30 general y $15 estudiantes con credencial vigente e INAPAM (Martes entrada libre) Vigencia: Hasta el domingo 21 de julio de 2013 Página web:www.chopo.unam.mx Facebook:www.facebook.com/museouniversitario.delchopo Twitter: @museodelchopo
Un tema fascinante que siempre ha interesado a la humanidad es el de esta exposición que se presenta en Venustiano Carranza #62, junto a la de “El Mal”.
Las brujas han existido en todas las sociedades desde tiempos inmemoriales, aunque a veces hayan recibido otros nombres. En ocasiones se llamaba así a las curanderas, a las personas que tenían actividades poco comunes o, simplemente, a las mujeres viejas y sabias que podían dar consejos sobre diversos temas. Esta muestra nos da algunos datos sobre sus actividades, y exhibe objetos, plantas y supersticiones relacionados con ellas.
Interesante es la colección de plantas: adormidera, belladona, hongos de diversos tipos, cicuta, etc., cuyos efectos van desde adormecer a quien la recibe a causarle poderosas alucinaciones y hasta la muerte, sin olvidar los efectos medicinales que algunas tienen.
Hay una serie de animales relacionados con las brujas: un dragón, una arpía (águila con cabeza de mujer), un basilisco, una serpiente con dos cabezas, un lagarto con cabeza de gallo, y hasta la momia de una sirena. Una cajita contiene los restos de un gnomo muerto; otra, el cuerpo momificado de un hada con alas de unos cuantos centímetros de altura; en otro lado se exhibe un ángel muerto por los pecados de los hombres. La exposición dice que la mayoría son hábiles mixtificaciones, pero que algunos han dejado asombrados a sus mejores restauradores; lo malo es que no dice por qué ni señala cuáles son. Hay ungüentos, pociones e instrumentos de tortura. Se describen aquelarres que terminaban, indefectiblemente, en orgías; y se habla de los bebedizos que necesitaban ingerir los pocos hombres asistentes para atender a la gran cantidad de brujas presentes. Se exhibe algún método que usaban para satisfacer sus apetitos sexuales y los instrumentos que para ello habían ideado.
Mención especial merece la historia de Mary Lacasta, una dama inglesa de origen mexicano que estaba empeñada en engendrar al Anticristo. Lo único que logró fue tener tres hijos que de humanos tenían casi nada, y que vivieron muy poco.
En otro lado se habla de las promesas que hacían algunas mujeres de embarazarse cada cincuenta días y de abortar, uno tras otro, los fetos que habían engendrado, llenando así el infierno de almas condenadas.
Y la historia de Violeta, una mujer de rostro igual al de el hada momificada que está en la muestra. Se trata de una mujer que vivió en Venecia, en Nápoles, en Londres y en Barcelona, misteriosa y escurridiza, que recibía en su casa la visita de damas extranjeras que luego se iban sin decir nada, y que es responsable de la gran atención que se dio a la brujería a principios del Siglo XX.
En suma, se trata de un recorrido por todo lo que se sabe de las brujas. Pero no hay limpias, ni folklorismo ni ganas de hacer una película de terror. Es un recorrido serio, con algunos testimonios interesantes y extraños. De lo único de que se puede acusar a la exposición es de algunas fallas en la continuidad. Pero eso es “pecata minuta”.
Datos Generales Lugar: Venustiano Carranza #52, Centro Histórico, Ciudad de México, Distrito Federal Costo: $65 pesos entrada general y $45 pesos para estudiantes con credencial vigente Horarios: De lunes a domingo de 10:00 a 18:00 hrs. Teléfonos: 55108762 y 55126986 Facebook: https://www.facebook.com/pages/ExpoCanter/195164587164074?fref=ts
“Gira Mundial por la Paz” es el sub-título de esta exposición que se presenta en Plaza Capuchinas, un antiguo edificio sito en Venustiano Carranza 55, re-habilitado con el propósito de presentar eventos de este tipo.
Lo primero que aparece ante nuestros ojos es un gran Buda dorado en el centro de la sala, y los estandartes o banderines que adornan las paredes, con representaciones de la mitología budista. Luego, una breve ceremonia que consiste en verter tres cucharadas de agua coloreada de amarillo sobre la cabeza de un pequeño Buda; ésto tiene el doble propósito de lavar nuestro espíritu de tantas impurezas que acumula y de pedir por otras personas amigas nuestras.
La reliquia consisten en cenizas, pedazos de hueso, retazos de hábitos, etc., de grandes maestros del budismo tibetano. Algunas tienen ya mil años, y otras son bastante recientes; pero todas pertenecieron a grandes religiosos preocupados por la espiritualidad del hombre que con sus enseñanzas y ejemplo influyeron en sus congéneres. Los relicarios son de distintas formas y tamaños, y a veces se exhiben también las fotografías de los maestros. Es curiosa la semejanza que ésto tiene con el catolicismo: en todas nuestras iglesias hay reliquias semejantes de algún santo. Esto, que aparentemente es una coincidencia, podría tratarse de algo más hondo, de una creencia hondamente arraigada en el Ser humano que consiste en creer que el contacto con cosas que pertenecieron a un hombre (o una mujer) santo o sabio nos ayuda a emularlos. ¿Indicio acaso de que tenemos un origen común?
En otra sala hay un altar, y ahí aprovechan los adeptos a la religión budista para hacer oración y meditar en silencio y tranquilidad.
Para rematar la visita, una monja imparte la bendición a quien así lo desee (no es obligatorio). Y durante el resto de los días en que esté la exposición (del 11 al 19 de mayo), se impartirá también la bendición a las mascotas de los visitantes.
En la inauguración hablaron varias personas, conocedores y representantes de la religión budista. Así nos enteramos que se trata de una exposición itinerante que recorre el mundo con el noble propósito de luchar por la paz. Se ha presentado ya en más de 60 países, y seguirá haciéndolo mientras sea necesario. Para ello, cuenta con el apoyo de la sociedad “Iglesias por la Paz”; y aquí, con el de la Fundación del Centro Histórico de la Ciudad de México, A. C.
Una sorpresa fue el constatar que en la Ciudad de México hay un grupo bastante importante de seguidores del budismo, a juzgar por la cantidad de gente que se reunió para la inauguración, que sabían ya de lo que se trataba y que ejecutaron algunas ceremonias de culto.
Un atractivo más de la exposición, que no se va a presentar todos los días, es la presentación musical de la Señora Pati Puente, quien ejecuta composiciones musicales con cuencos vacíos, de madera y de metal, sonidos que nos pueden parecer ajenos; pero, precisamente por tratarse de música, somos perfectamente capaces de apreciar.
Datos Generales Lugar: Plaza Capuchinas (Venustiano Carranza #55, Centro Histórico, Ciudad de México, Distrito Federal) Vigencia: del 11 al 19 de mayo, 2013 Costo: Entrada libre
La historia de la animación se remonta a 1640, cuando el inventor alemán, Athanasius Kircher, creó su “linterna mágica” un proyector con el que se podían proyectar diferentes fases consecutivas de movimiento, cambiando mecánicamente unos cristales que se encontraban frente a la fuente e luz. En 1831, el físico belgaJoseph-Antoine Ferdinand Plateau creó el Fenaquistiscopio, una objeto circular sobre el que se dibujaba diferentes cuadros de movimiento y que, al ponerlo a girar, creaba la ilusión de movimiento; sentando las bases de lo que sería el cinematógrafo de los Hermanos Lumiere. Y en 1888, el francés Émile Reynaud creó el praxinoscopio, que después perfeccionó con su teatro óptico, un aparato que permitía proyectar dibujos animados con ayuda de una banda flexible sobre la que se dibujaba cuadro por cuadro. Pocos años después, en 1895, los Hermanos Lumiere presentaron su cinematógrafo en el Salón Indio el Grand Café. Y fue gracias a la invención de los Lumiere, que Émile Cohl se dedicó a experimentar con la animación, creando los primeros cortometrajes animados en 1908.
El desarrollo que ha tenido la animación desde que Émile Cohl presentó Fantasmagorie ha sido impresionante. Por un lado se ha perfeccionado la técnica de la animación, al grado de poder crear mundos fantásticos que parecen reales; pero, por otro lado, la animación ha logrado insertarse en nuestra cotidianidad, influyendo en diferentes aspectos de nuestra vida, entre los que se encuentra el arte. Hoy en día, sería inconcebible pensar en el arte contemporáneo, sin pensar en su relación con la animación, es por eso que el Museo Universitario del Chopo, presenta la exposición A. Arte y Animación, “una muestra colectiva que revisa la relación entre el arte contemporáneo y la animación a partir de la visión de artistas nacionales y extranjeros que trabajan distintos formatos”.
A. Arte y Animación cuenta con una pequeña selección de cortometrajes animados que han sido parte de la historia, entre las que destaca Fantasmagorie de Émile Cohl y Felix Saves The Day (1922), una de las primeras animaciones de Felix El Gato, así como una animación creada por Oskar Fischinger, entre otras. Además, cuenta con caricaturas de Miguel Covarrubias y algunos dibujos del estudio Walt Disney. Por si fuera poco, la exposición cuenta con diferentes piezas gráficas y animadas de artistas contemporáneos mexicanos y extranjeros, quienes demuestran la influencia que ha tenido la animación en su trabajo.
Sin duda, la muestra A. Arte y Animación es una excelente oportunidad para divertirte con el arte contemporáneo y la historia de la animación, mientras conoces la profunda relación entre ambas disciplinas. Una excelente manera de que chicos y grandes disfruten una tarde llena de arte.
Datos Generales Lugar: Museo Universitario del Chopo (Dr. Enrique González Martínez #10, Col. Santa María la Ribera, Ciudad de México, Distrito Federal) Horario: Martes a Domingo de 10:00 a 19:00 hrs. Costo: $30 general y $15 estudiantes con credencial vigente e INAPAM (Martes entrada libre) Vigencia: Hasta el domingo 2 de junio de 2013 Página web:www.chopo.unam.mx Facebook:www.facebook.com/museouniversitario.delchopo Twitter: @museodelchopo
Despiertas en un paraje desolado, un lugar cuyos rastros de civilización han sido devorados por la maleza y por la basura, que ya forma parte del ecosistema. Te levantas y caminas unos pasos en busca de algún rastro de humanidad, pero todos tus esfuerzos son en vano. Continúas tu camino hacia la nada, pasando sobre la hierba que bloquea tu camino. Todo está en silencio, en una especie de calma post-apocalíptica; sólo se escucha un repentino sonido provocado por la basura que rueda con ayuda del viento. Pudieron pasar algunos minutos, varias horas o algunos días mientras caminabas por el enorme campo abandonado, no puedes saberlo realmente, pues perdiste la noción del tiempo.
De pronto, a lo lejos, logras escuchar un fuerte ruido que rompe con toda la falsa calma en la que te encontrabas. Olvidas el cansancio y corres hacia la fuente del sonido; un eco salido de película de ciencia ficción que cimbra el piso cada vez que se escucha. Rodeas un montículo de pasto para descubrir lo que solía ser un enorme robot tirado en el suelo, devorado por la naturaleza. Te detienes un rato a observarlo. Mientras observas al autómata caído, un ruido te obliga a subir la vista. En ese momento te encuentras con una impresionante escena. Un robot gigante, con lo que parecería ser una máscara de jade prehispánica, recostado sobre la maleza, con la boca abierta y casi sin movimiento; mientras que un enorme esqueleto robótico, con lo que podría ser una vestimenta prehispánica y serpientes emplumadas que salen de su corona, lo toma de los hombros, como si quisiera darle esperanza al caído, o buscara escuchar sus últimas palabras.
Una impresionante escena post-apocalíptica que refleja la decadencia de la humanidad y el capitalismo, mientras recalca esa necesidad que tiene el humano de semejarse a los dioses, al buscar crear vida a su imagen y semejanza. Dos piezas de arte creadas por uno de los artistas urbanos más reconocidos de nuestros tiempos, Pixel Pancho; artista italiano, con estudios en la Academia de Bellas Artes Albertina en Turín y Valencia, quien ha viajado por el mundo interviniendo muros de fábricas, edificios abandonados y otros tipos de inmuebles, reflejando su “posición anticapitalista al plasmar la decadencia de la comida chatarra, de la personalidad de dictadores de la historia universal y de personajes de Walt Disney.” (Museo del Chopo)
Y, para que podamos conocer más sobre Pixel Pancho, el Museo Universitario del Chopo, dentro de la cuarta edición de Concreto, presenta un impresionante mural, creado ex profeso para este recinto cultural. En esta pieza, Pixel Pancho mezcla el imaginario del robot con diferentes elementos de la cultura prehispánica, dando como resultado una escena de ciencia ficción que atrapa a todos los espectadores. Por si fuera poco, el Museo del Chopo, también presenta una intervención escultórica de Pixel Pancho, en la que la chatarra y la naturaleza se unen para darle continuidad a la escena post-apocalíptica del mural.
A pesar de que el Museo del Chopo sólo cuenta con dos piezas de Pixel Pancho, visitar la pequeña muestra es una excelente oportunidad de conocer el trabajo de este talentoso artista que, sin duda, está dejando mucho de qué hablar. Un momento de adentrarse en el arte urbano y vivir en un mundo de ciencia ficción por un rato.
Datos Generales Lugar: Museo Universitario del Chopo (Dr. Enrique González Martínez #10, Col. Santa María la Ribera, Ciudad de México, Distrito Federal) Horario: Martes a Domingo de 10:00 a 19:00 hrs. Costo: $30 general y $15 estudiantes con credencial vigente e INAPAM (Martes entrada libre) Vigencia: Hasta el domingo 21 de julio de 2013 Página web:www.chopo.unam.mx Facebook:www.facebook.com/museouniversitario.delchopo Twitter: @museodelchopo
En un edificio perdido en el Centro Histórico se presenta una exposición dedicada a las víctimas de la crueldad que, como todos sabemos, son muchísimas. El Mal. ¿Cómo se hace este homenaje? Presentando, en un espacio reducido, a los hombres más crueles que ha dado la Humanidad, así como narrando sus vidas y las atrocidades que cometieron.
Son también muchos los tiranos que los pueblos han soportado, y la exposición presenta tan sólo unos cuantos. Calígula, Atila, Rasputín, Gadafi, Saddam Hussein y Osama Bin Laden reciben pequeños espacios: la mayor parte de la exposición se ocupa de Pol Pot (Camboya), Idi Amín Dada (Uganda), Adolfo Hitler (Alemania) y José Stalin (URSS).
Estos cuatro personajes tienen varias cosas en común: su actuación fue durante el Siglo XX, todos nacieron en familias pobres y sufrieron privaciones en su infancia, todos conquistaron y ejercieron el poder absoluto en sus respectivos países, y para ello asesinaron a millones de seres humanos.
La exposición dedica una sección a cada uno de ellos. Lo primero que vemos es una estatua en cera del personaje. Conocemos las condiciones de vida del país, el ambiente en el que el individuo se desarrolló, su ascenso al poder y los métodos de que se valió para mantenerse en él. Esos métodos en todos los casos fueron iguales: persecución de disidentes, torturas para hacerlos arrepentirse y delatar a otros y masacres de “culpables”. Ahí vemos representadas, en cera también, las torturas que infligían a los prisioneros; y si el relato de una tortura es estremecedor, mucho más lo es su visualización. Hay también videos de cada uno de estos personajes, que los muestran en diversos momentos de su vida pública: momentos de triunfo, de alabanza, de gloria, instantes de la vida real que contrastan con el sufrimiento del pueblo que los sustentaba. Lo curioso es que esos pueblos siempre dijeron ignorar lo que ocurría en las cárceles y campos de concentración. Pero, ¿es posible que un pueblo entero ignorara el Holocausto de los judíos en Alemania y la existencia de los Gulag en Rusia? ¿O tal vez decidieron ignorarlos en un gesto de incredulidad, y hasta de defensa propia? Eso queda para los sociólogos. Aquí, lo interesante es conocer lo que estos hombres hicieron, y como lo hicieron.
El “cómo” es muy importante. En el caso de Hitler, con el pretexto de estudiar las condiciones a que se exponían los aviadores a grandes alturas, hizo experimentos en cámaras de descompresión con el fin de comprobar qué ocurría muy altas o muy bajas presiones atmosféricas; otros pretendían estudiar la regeneración de los huesos o el efecto del gas fósgeno. El doctor Josef Mengele llevo a cabo experimentos genéticos, sobre todo con gemelos. Ilse Koch, la única mujer que presenta la exposición, se dedicó a hacer experimentos con la piel, a curtirla y grabarla, y llegó al grado de fabricar carteras y otros artículos con piel humana, y a reducir cabezas al estilo de los jíbaros del Amazonas. Y todos los experimentos se hacían en seres vivos. Por eso, no es extraño oir que a Hitler se le hace responsable de la muerte de veinte millones de personas; y a Stalin, de cuarenta millones.
Una audio-guía portátil con una buena grabación nos explica sencillamente todos los puntos importantes en exhibición.
La visita a “El Mal” es una experiencia al mismo tiempo deprimente y enriquecedora. Deprimente, porque nos muestra hasta qué extremos ha llegado el hombre en su busca del poder; y enriquecedora, porque demuestra que todos los tiranos terminan por caer, y el ser humano sigue su marcha hacia adelante.
Datos Generales Lugar: Venustiano Carranza #52, Centro Histórico, Ciudad de México, Distrito Federal Costo: $65 pesos entrada general y $45 pesos para estudiantes con credencial vigente Horarios: De lunes a domingo de 10:00 a 18:00 hrs. Teléfonos: 55108762 y 55126986 Facebook: https://www.facebook.com/pages/ExpoCanter/195164587164074?fref=ts
Gránulos de espacio: Entidades con un comportamiento imprevisible, a partir del cual es posible da vida a una arquitectura móvil y a una sociedad emancipada. – Museografía
Las ciudades contemporáneas se encuentran en un constante cambio y expansión. Día a día se construyen edificios y calles con las que, supuestamente, se busca atender las necesidades e los individuos y la sociedad; sin embargo, en una gran mayoría de casos, la arquitectura y el urbanismo han cobrado independencia, forzando a la sociedad a adaptarse a su estructura. Tomando en cuenta ese fenómeno, el arquitecto y urbanista francés, Yona Friedman, se ha dedicado a realizar una serie de conferencias, películas de animación, textos de teoría, comics y modelos urbanísticos, que sirven como materiales de referencia para pensar el espacio.
Con esta idea, Yona Friedman crea Arquitectura sin construcción, una idea presente en toda su obra, con la cual busca “invitar a pensar y actuar pos sí mismo en cada una de las situaciones de la vida cívica, incluyendo el diseño de los espacios en donde se desarrolla. Propone a la arquitectura y al urbanismo como marcos para la vida y creatividad humana que siempre deben estar supeditados a las necesidades del individuo o sociedad y no al contrario” (MUAC).
Siguiendo la idea de la arquitectura sin construcción, Friedman, realizó una interesante crítica hacia los museos; en ella, cuestiona el protagonismo que puede llegar a tener el edificio, permitiendo que este se imponga ante el espectador y compita directamente con la exposición. Por lo mismo, el arquitecto francés, propone la idea de crear museos públicos, de bajo presupuesto, y que no tiene necesariamente que ser un edificio. Debe ser un museo enfocado al contenido. Por lo mismo, propone la creación de diferentes módulos tridimensionales, superpuestos uno con el otro, permitiendo que sus características arquitectónicas no sean permanentes, lo que les permite utilizarlos de maneras distintas.
Tratar de entender el concepto de Museo sin arquitectura propuesto por por Yona Friedman puede resultar complicado; sin embargo, para que podamos adentrarnos en las ideas del urbanista francés, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) presenta la exposiciónArquitectura Sin Construcción; una interesante muestra del proceso teórico de Friedman, en la que se pueden apreciar diferentes fotografías, imágenes y textos de Friedman, en los que se explica la idea de crear un museo sin construcción. Además, dentro de la exposición, se pueden apreciar diferentes Museos sin construcción creados por el mismo arquitecto.
“El proyecto que presentamos en el MUAC es, según las palabras del propio Friedman: ‘una muestra visual de la administración del espacio no construido’. Es así como la Arquitectura Sin Construcción presenta un despliegue visual, documental y objetual de esta nueva forma de admirar el espacio.” Museografía
La exposición Arquitectura Sin Construcción, que presenta el MUAC, es muy interesante, pues nos permite adentrarnos en las ideas de uno de los arquitectos y urbanistas más visionarios de la segunda mitad del siglo XX, mientras reflexionamos sobre la necesidad de los museos, como construcción. Sin, duda, una oportunidad única de visitar un museo sin construcción, dentro de un museo construído.
Datos Generales
Lugar: MUAC (Museo Universitario de Arte Contemporánea) Se encuentra dentro de la Zona Cultural de Ciudad Universitaria de la UNAM. Vigencia: Hasta el 2 de junio del 2013 Precio: $40 (entrada general) y $20 (estudiantes, maestros y adultos mayores). Horario: Miércoles, viernes y domingos de 10:00 a 18:00; jueves y sábados de 12:00 a 20:00 horas. Página Web: www.muac.unam.mx Facebook:www.facebook.com/pages/Museo-Universitario-Arte-Contempor%C3%A1neo/136104369755 Twitter: @muac_unam
La democratización de la tecnología y la globalización han modificado nuestros estilos de vida, haciendo que un gran número de oficios tradicionales mexicanos desaparezcan, y con ellos, una parte de México también se va. Sin embargo, hay algunos oficios que han logrado adaptarse a las necesidades de la sociedad hipermoderna, manteniéndose cercanas a sus raíces y tradición; por ejemplo, los oficios artesanales.
Los artesanos mexicanos nos han heredado sus conocimientos y saberes tradicionales, para recordar su importancia dentro de la cultura popular; en sus piezas, podemos ver un reflejo de nuestra historia, así como de la sociedad en la que nos encontramos actualmente. Es por eso que, el Museo Nacional de Culturas Populares creó un homenaje a todos los artesanos mexicanos, y a todos los demás oficios que han sido parte del folclor mexicano, con la exposición “Ingenio y Oportunidad. Oficios y artesanos de México”.
Para el homenaje, el Museo de Culturas Populares reunió a diferentes maestros artesanos, quienes usando diferentes materiales, como cartón, barro, madera y palma; crearon piezas únicas que nos recuerdan algunos de los oficios tradicionales y contemporáneos que le dan sabor a México. Mecapeleros (cargadores), afiladores de cuchillos, viene-vienes, rotulistas, tarotistas, pajareros, albañiles y vendedores de helados, entre muchos otros personajes, son algunos de los personajes que puedes encontrarte en la exposición.
“Es un homenaje a aquellos oficios que han ido desapareciendo o que ya desaparecieron del quehacer cotidiano, no solamente de la ciudad, sino también del campo” David Hernández Morato, jefe de Servicios Educativos del MNCP
“Ingenio y Oportunidad. Oficios y artesanos de México” es una exposición llena de vida y color, en la que chicos y grandes pueden disfrutar de las artesanías mexicanas, mientras reviven una época más sencilla, llena de folclor. Una ventana al México de antaño, en el que las tradiciones se encontraban vigentes y presentes en el día a día; sin duda, una oportunidad para redescubrir nuestra cultura y disfrutar un día lleno de arte.
En el Pacífico Norte, a unos 1,250 kilómetros de Acapulco, se encuentra una pequeña isla, de unos 4 kilómetros de largo y dos de ancho, que ha sido razón de diferentes conflictos entre Inglaterra, Francia y México. La Isla de la Pasión, mejor conocida como Clipperton, es una isla prácticamente inhabitable, y cuya mayor característica es que es rico banco guanífero (materia excrementicia de aves marinas – RAE.es). Este atolón, que se encuentra constitucionalmente en territorio mexicano pero que se encuentra en posesión de Francia, es el punto de partida de The Clipperton Project; una iniciativa que busca aumentar el entendimiento de temas sociales, especialmente el del Medio Ambiente, a través de una serie de colaboraciones artísticas y científicas de índole internacional.
En marzo del 2012, diferentes científicos y artistas realizaron una expedición a la olvidada Isla de Clipperton, documentando la situación en la que se encuentra la isla en la actualidad. El resultado de este proceso de investigación creativa, es la exposición The Clipperton Project, que se presenta en el Museo Diego Rivera Anahuacalli. Una colección de fotografías, pinturas e instalaciones artísticas, con las que podemos realizar un viaje a la lejana Isla de la Pasión, sin salir de la Ciudad de México.
“Es observar pájaros con picos violeta y patas verdes, grandes comunidades de cangrejos, vida submarina con los corales como uno de sus principales protagonistas; aves que terminan por convivir con objetos que arrastran las olas y que son reflejo de la sociedad de consumo, por ello podemos observar nidos hechos de restos de plástico” Jonathan Bonfiglio, director de The Clipperton Project
La exposición es muy interesante, pues nos muestra cómo es que la sociedad del desperdicio en la que nos encontramos inmersos, ha logrado alterar el ecosistema de una isla remota y olvidada, como lo es la Isla de Clipperton. Botellas de pet, latas de aluminio y bolsas de plástico que nadan junto a los peces de la región; piezas metálicas, probablemente de algún automóvil o lancha, que conviven con los cangrejos de tierra, un golpe de realidad.
“No hay nada que no sea natural” David Harvey en su libro Justicia, naturaleza y la geografía de la diferencia
A pesar de que la exposición The Clipperton Project es pequeña, logra transmitir un claro mensaje a todos los que la visitan: hay que crear acciones positivas enfocadas a la protección del Medio Ambiente. Además, por si fuera poco, la exposición se complementa con un documental en el que se narran los pormenores de la travesía, permitiéndonos adentrarnos en la situación actual de la Isla de Clipperton.
Esta exposición nos permite conocer un rincón olvidado del mundo, dejándonos ver cómo es que nuestras acciones han modificado ecosistemas remotos, a los que prácticamente nadie tiene acceso. Una oportunidad para viajar y reflexionar sobre la importancia de cuidar nuestras acciones y crear un mejor lugar para vivir.
Datos Generales Dirección: Calle Museo #150, San Pablo Tepetlapa, Coyoacán, Ciudad de México, Distrito Federal Costo: $35 pesos Vigencia: Hasta el 19 de mayo del 2013 Horario: Miércoles a domingo de 11:00 a 17:00 hrs. Teléfono:56-17-43-10 Página web:www.museoanahuacalli.org.mx Mail:difusion@museoanahuacalli.org.mx Facebook:www.facebook.com/museoanahuacalli Twitter: @anahuacalli ¿Cómo llegar? Tomar la lateral de División dle Norte (en dirección sur), al llegar al cruce con la calle Museo pegarse a la derecha. Dar la vuelta a la derecha en la siguiente, Ocelotl (es muy pequeña). Seguir derecho hasta topar con pared (calle Miguel Hidalgo) y dar la vuelta a la derecha. Seguir derecho hasta la calle Museo, donde se dará la vuelta a la izquierda.
Esta exposición, que estará hasta finales de este mes en el Museo de la Cancillería, da un rápido vistazo a la cultura de este país, tan poco conocido por nosotros.
Haití (Ayities su nombre original) presenta algunos aspectos curiosos: está asentado en la que probablemente sea la primera isla que tocó Cristóbal Colón en su primer viaje a América; es el primer país americano en recibir esclavos de Africa (en 1503 llegó el primer grupo), y es también el primer país americano en alcanzar la independencia de Europa (el 1° de enero de 1804) y el primero en abolir la esclavitud. Desde el principio, Haití tuvo la influencia de tres culturas muy distintas: la aborigen, de procedencia amazónica, la europea (España y Francia) y la africana. Esto dio por resultado una nueva cultura, totalmente diferente a las de los otros países americanos. En todos los aspectos de su cultura aparecen estos tres elementos y su fusión, que resulta tan ajena a nosotros. Sin embargo, eso no nos impide apreciarla.
La sala destinada a la pintura haitiana exhibe cuadros en su gran mayoría costumbristas, plenos de colorido, gente y movimiento. Su estilo es, en gran medida, “naif” (Estilo pictórico caracterizado por la deliberada ingenuidad, tanto en la representación de la realidad como en los colores empleados – RAE). Pero hay también cuadros modernos, con gran libertad en la forma y la expresión. Hay también telas bordadas con lentejuela y chaquira dedicadas a los dioses africanos o nativos, que muchas veces se superponen a los santos católicos. Hay uno o dos lienzos de Prefete Duffaut, el pintor haitiano más reconocido.
Lo mismo sucede en las sala dedicada al “Bos Metal”, una técnica privativa de Haití, que parte de tambores de acero de los que se usan para almacenar gasolina. Esos tambores son aplanados y quemados para eliminar toda impureza; después se recortan para formar las figuras que desean representar y, finalmente, son repujados por el artista. Lo mismo representan a los “Iwas” que escenas de Biblia, ceremonias de vudú y sirenas, que aparecen como una constante en todo su arte. Los dibujos son complicados, verdaderas filigranas en ocasiones; y el impacto que tienen en el visitante, importante y permanente.
Mención aparte merece la sección, pequeña por cierto, dedicada al vudú. Nosotros consideramos el vudú como una práctica oculta con elementos sangrientos y paranormales, muy propia para aderezar películas de terror. Pero el vudú es más que eso, es una religión en toda la extensión de la palabra, con sus dioses (llamados “Iwas”), sus oraciones y sus ceremonias. En la exposición pueden verse dos altares vudú, que podríamos equiparar a nuestros altares de Día de Muertos por la multitud y diversidad de objetos que contienes: imágenes de santos católicos, “Iwas”, intercesores ante los dioses, bebidas (preferentemente, ron), ropa, sombreros, armas, joyas y cuanto podamos imaginar. Todo ello tiene un sentido, un objeto que nuestros ojos profanos no logran penetrar. Lo único que podemos hacer es respetarlos.
En forma de diagrama encontramos una brevísima historia de Haití, que nos muestra los principales acontecimientos allí ocurridos. Poca cosa, pero suficiente para hacernos ver que, como todos los pueblos, los haitianos han sufrido una buena dosis de penalidades, que enfrentan con un espíritu alegre y creativo.
En conjunto, la exposición nos brinda la instantánea de un país que tiene una acusada personalidad étnica, y un esbozo de lo que es la cultura “créole”.